Navarro: tras los pasos de Dorrego y su desgracia.
- ideasfeciega
- 29 jun
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Es curioso (pero tal vez necesario) escuchar a Chet Baker para lograr avanzar en una crónica argentina. Porque lo que sucedió en Navarro, provincia de Buenos Aires, a fines de 1828 sí tiene que ver con la historia argentina y nada con Chet Baker. Pero la serenidad, impronta e improvisación de su música nos alienta a la serenidad que se necesita para entender que existieron mismas dosis de improvisación y ejecución en un momento de extrema tensión.
¿Hay tensión en el jazz? ¿Es un alivio?
Lo reemplazaremos circunstancialmente con "vidalas", con versos populares, con cartas que nunca llegaron a tiempo, o tal vez sí, pero que se excluyeron por convicciones de época y que marcaron a fuego el futuro, es decir, este presente.
Por eso es que fuimos a Navarro. El lugar de una batalla y la ejecución de un prócer olvidado, un guerrero padre de la independencia que los historiadores convencionales, o la historia "oficial" trató de resignarnos. Por suerte, nos acompaña Baker en esta aventura real y pausada, a ritmo improvisado.
La laguna de Navarro oficia de punto de encuentro, lugar en el que se prenderá el fuego para esos asados que gauchos (no paisanos), indios errantes y soldados, encendieron en vísperas de un encuentro fatal entre hermanos. Se trata de guerras civiles y aunque pase el tiempo, no queda más que un estudio parcial, escolar, de enfrentamientos entre "Federales y Unitarios". Fue ahí que ese fuego casi de invierno logró su calor, suerte de homenaje en medio del campo pero cerca del pueblo. A poco más de una hora de la Capital Federal. Fue allí que tal vez nos perdimos el único momento de coincidir como patria. Este cronista, en modo aventurero, encuentra respuestas en los fortines de línea, en las pulperías del lugar y en el museo a pocos metros de esa quinta en la que Lavalle decidió con alma fría, la ejecución de Dorrego, convirtiéndose en el primer militar en derrocar un gobierno (provincial) elegido por el pueblo. 1828, "los decembristas". El primer golpe de Estado. Mucho tiempo antes, José Antonio Dorrego, lusitano, le dirá a su hijo Manuel que "la nobleza está en la conducta individual, y no en los títulos". Manuel, todavía es un niño, y a pocas cuadras nacerá su asesino, en esa ciudad-aldea desprolija que era Buenos Aires. Ni se verán las caras en Navarro. Uno de los protagonistas no se atrevió a rebajar su sentencia. El resto es historia conocida.
Navarro pone en marcha la división nacional con un período de guerras civiles que despoblará lo que aquellos que emigraron, por la fuerza, desearon poblar. Contradicciones. Cartas y sugerencias escritas por gente sin espada. Sin coraje. Gente en el campo que por gloria y confusión, vanidad y envidia, llevó adelante una proyección sanguinaria entre criollos, el pueblo mismo, que terminó diezmado casi extinto. ¿Posible extinción del gen nacional? Los demás fuimos inmigrantes, me atrevo a decir, cruza con indios.
Fundaron a su modo el Partido Federal (Popular) Manuel Moreno (hermano menor de Mariano), Manuel Dorrego, Manuel Vicente Pagola, Pedro Agrelo, Vicente Pazos Silva, Eusebio Valdiviezo y Feliciano Chiclana.
Dorrego, "el tribuno de la plebe". El "padre de los pobres". Promotor del derecho al voto (en su más amplia expresión). Protege desde La Recoleta que todo sea lo más equitativo posible, en épocas de notables distancias.



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